Una entrevista con el Santo Oficio Capítulo tres: Las brujas de Zugarramurdi
Hola a todos, hoy por fin estamos con la última parte de
nuestra serie Una entrevista con el Santo Oficio. Como había prometido desde la
primera entrada, hoy vengo con un especial para cerrar la serie. Una entrada
que a muchos les podrá erizar los pelos, porque según los documentos de la
Santa Inquisición, el asunto fue real. Así que sin más que decir, comencemos el
último capítulo de la serie.
Antes de adentrarnos de lleno a esto, tenemos que saber lo
que es un Aquelarre. Cito al diccionario textualmente: “reunión nocturna
de brujos y brujas.” Ya sabemos lo que es un aquelarre, y con esta definición
espero se hagan una idea de lo que les voy a presentar en esta entrada. Además
de esto, quiero darles una muy breve introducción al lugar donde se
desarrollará nuestra historia: Zugarramurdi.
Zugarramurdi es un
municipio español de la Comunidad Foral de Navarra, situado en la merindad de
Pamplona, en la comarca de Baztán y a 83 km de la capital de la comunidad,
Pamplona. Su población en 2014 fue de 225 habitantes (INE). Cerca del pueblo
francés de Sara. Sabiendo esto, ya podemos continuar.
Nuestra historia se sitúa muy atrás en el tiempo, entre los
años 1609 y 1612. Es el caso más famoso de la historia de la brujería vasca y
posiblemente de la brujería en España. El proceso fue llevado por el tribunal
de la Inquisición española de Logroño. En el auto de fe celebrado en esa ciudad
los días 7 y 8 de noviembre de 1610 dieciocho personas fueron reconciliadas
porque confesaron sus culpas y apelaron a la misericordia del tribunal, pero
las seis que se resistieron fueron quemadas vivas y cinco en efigie porque ya
habían muerto.
La persecución de las brujas del Labort, en el País Vasco
francés, fue obra del juez del parlement de Burdeos Pierre de Lancre,
comisionado por el rey Enrique IV de Francia en respuesta a la petición hecha
por los señores D'Amou y D'Uturbie para que acabara con la "plaga" de
brujos y de brujas que según ellos asolaba el país. Según lo que de Lancre
consiguió fue que se celebraban cualquier día de la semana e incluso de día
juntas de brujos y brujas, a las que llaman lane de Aquelarre, en las
que se adoraba al macho cabrío, aunque el demonio podía adoptar otras formas. Toda
esta “información” de Lancre la obtuvo de de declaraciones de niños, de viejos
y de adultos sometidos a tortura. Además tuvo que valerse de traductores, pues
no comprendía el euskera, y como ha señalado Caro Baroja, "a veces
transcribe mal los nombres" y de algunas palabras en vasco "parece no
haber entendido el significado en una declaración amplia". Así es como De
Lancre llegó a la conclusión de que en Labort había más de tres mil personas
que llevaban la marca de la brujería. Por esto, 80 personas acusadas de brujas
y brujos fueron quemados en la hoguera.
En 1608 María de Jureteguía, habitante de Zugarramurdi, se
vio implicada en una acusación de brujería hecha por una joven de la misma
comunidad. Ante las acusaciones, María de Jureteguía se vio obligada a confesar
que había sido bruja, y además dio nombres de otros vecinos que se involucraron
en el mismo hecho. Finalmente todos ellos, siete mujeres y tres hombres,
acabaron haciendo una confesión pública en la iglesia parroquial. Sin embargo,
tras arrepentirse los vecinos los perdonaron.
El tribunal de la Inquisición de Logroño se enteró de estos
hechos que se hicieron públicos, y los inquisidores Alonso Becerra Holguín y
Juan Valle Alvarado tomaron cartas en el asunto. Más tarde se les sumaría un
tercer sacerdote: Alonso de Salazar Frías. Al comenzar el siguiente año,
ordenaron la detención de cuatro mujeres señaladas por testigos: Estevanía de
Navarcorena, Juana de Telechea, María de Jureteguía y María Pérez de
Barrenechea, acusadas de participar de aquelarres y cometer asesinatos para
contar con el beneplácito del diablo. Días después, fueron detenidos los
vecinos Miguel de Goiburu, Juanes de Sansín, Graciana de Barrenechea, Juanes de
Goiburu y María y Estevanía de Yriarte con similares acusaciones. Algunos de
ellos murieron por enfermedades contraídas en la prisión. Pero la creencia de
los dos inquisidores en la realidad de los hechos que les habían contado era
tan grande que no hicieron caso a la información que les había dado el
carcelero inquisitorial quien había oído a las cuatro mujeres decir que se
habían declarado brujas, aunque no lo eran, porque creían que así podrían salir
antes de la prisión y volver a sus casas.
El proceso inquisitorial
Los dos inquisidores, Alonso Becerra Holguín y Juan Valle
Alvarado, recibieron una contestación de la Suprema Inquisición donde les
demandaban afirmar la acusación, y junto con la carta de respuesta, había un
cuestionario de 14 preguntas para los prisioneros. Los inquisidores, cegados
por el oficio, hicieron caso omiso a la carta y al cuestionario, y decidieron
procesar a los prisioneros como brujos y brujas. Tras cinco meses de hábiles y
reiterados interrogatorios fueron consiguiendo que los encausados confesaran,
por lo que desde la perspectiva de los crédulos inquisidores habían vencido al
diablo que los tenía aterrorizados para que no hablaran. Los auto inculpados
también delataron a otros brujos y brujas que quedaban en las montañas y
proporcionaron listas de niños y de niñas de menos de catorce años que participaban
en los aquelarres.
Con la información obtenida, Juan Valle Alvarado partió en agosto de 1609 al norte de Navarra y
desde allí fue enviando a Logroño a los supuestos cómplices de los brujos y las
brujas. Juan Valle, según Caro Baroja, "pasó varios meses en Zugarramurdi
y recogió muchas denuncias, según las cuales quedaban inculpadas hasta cerca de
trescientas personas por delitos de Brujería, dejando aparte los niños. De
estas personas fueron presas y llevadas a Logroño hasta cuarenta de las que
parecieron más culpables".
Valle se había dirigido en primer lugar al monasterio de
Urdax donde fue recibido con toda solemnidad por el abad, quien le confirmó que
la zona estaba infestada de brujas y que la gente solía gritar ¡sorgiñak,
sorgiñak! para protegerse de ellas. Desde allí visitó las localidades navarras
de Vera de Bidasoa y Lesaca (donde contó con la entusiasta colaboración de los
párrocos locales que encerraron a mujeres y a niños hasta que confesaran y
delataran a las brujas, y después el de Vera puso a los niños bajo su
protección para "los librar de los grandes daños... que las brujas los
hazen llevándolos al aquelarre") y las guipuzcoanas de Tolosa y San
Sebastián. Ahora bien, por esas mismas fechas visitó la zona el obispo de
Pamplona, alarmado sobre lo que se contaba que sucedía en esa parte de su
diócesis, y llegó a la conclusión contraria a la del inquisidor de Logroño: que
allí nunca había habido secta de brujas hasta que llegaron las noticias de
Francia, y que muchos vecinos cruzaban la frontera para presenciar la quema de
brujas en el Labourd, donde oían las acusaciones y aprendían lo que se decía de
ellas y de los aquelarres.
En junio de 1610 los inquisidores del tribunal de Logroño
acordaron la sentencia de culpabilidad de veintinueve de los acusados. Sin
embargo, el inquisidor Alonso de Salazar y Frías, incorporado al tribunal en
julio del año anterior, por lo que no había participado en los interrogatorios
de los principales inculpados, votó en contra de la condena a la hoguera de
María de Arburu por falta de pruebas.
El auto de fe
El domingo 7 de noviembre de 1610 se había congregado en
Logroño "gran multitud de gente" venida también de Francia para
asistir al auto de fe (se calcula que asistieron treinta mil personas). Se inició
con una procesión encabezada por el pendón del Santo Oficio al que seguían mil
familiares, comisarios y notarios de la Inquisición (que lucían pendientes de
oro y cruces en el pecho) y varios cientos de miembros de las órdenes
religiosas. A continuación iba la Santa
Cruz verde, insignia de la Inquisición, que fue plantada en lo más alto de un
gran cadalso. Aparecieron después veintiún penitentes con un cirio en la mano (y
seis de ellos con una soga en la garganta para indicar que habían de ser
azotados) y veintiuna personas con sambenitos y grandes corozas con aspas,
velas y sogas, lo que indicaba que eran reconciliados. A continuación salieron
cinco personas portando estatuas de difuntos con sambenitos de relajados,
acompañadas de cinco ataúdes que contenían sus huesos desenterrados (se trataba
de dos mujeres y dos hombres que se habían negado a reconocer que eran brujas y
brujos, y de otra que sí lo había hecho pero que sería quemada por ser una de
las instigadoras de la secta). Seguidamente, aparecieron cuatro mujeres y dos
hombres, también con los sambenitos de relajados, que iban a ser entregados al
brazo secular para que fueran quemados vivos porque se habían negado a admitir
que eran brujas y brujos. Cerraban el cortejo, cuatro secretarios de la Inquisición
a caballo acompañados de un burro que portaba un cofre guarnecido de terciopelo
que guardaba las sentencias, y los tres inquisidores del tribunal de Logroño,
también a caballo.
Una vez aposentados en el cadalso los acusados y enfrente
los inquisidores, con el estado eclesiástico a su derecha y las autoridades
civiles a su izquierda, un inquisidor dominico predicó el sermón y a
continuación comenzó la lectura de las sentencias por los secretarios
inquisitoriales. La lectura duró tanto que el auto de fe tuvo que alargarse al
lunes 8 de noviembre.
Dieciocho personas fueron reconciliadas porque confesaron
sus culpas y apelaron a la misericordia del tribunal. Las seis que se
resistieron fueron quemadas vivas. Cinco más fueron quemadas en efigie porque ya habían muerto.
Bueno amigos, con esto termina nuestra serie Una entrevista
con El Santo Oficio. Espero que hayan aprendido algo, ya que ese fue mi
principal objetivo al haberme decidido a escribirla. Aquí les adjunto algunas imágenes
de lo que trató este capítulo. Las reuniones de brujas, el auto de fe y la
consumación del juicio por parte de la inquisición de Logroño. Espero haya sido
de su agrado la serie, ya que yo me emocioné mucho escribiéndola para todos
ustedes. Gracias amigos, nos vemos en la próxima entrada.
PD: Las bibliografías de la serie no las incluyo en esta entrada para no hacerla más extensa de lo que ya es. Las publicaré en una entrada inmediata que le sigue a esta. Muchísimas gracias a todos los que leyeron la serie.




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